Sólo se hace dinero cuando se corre un riesgo basado en una incertidumbre insalvable

by Darío Franco on 21 junio, 2010 · 0 comments

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Os propongo un interesante y reciente artículo escrito por Eduardo Punset para la revista XLSemanal. Espero que os guste. 

No lo he olvidado nunca. Era el científico encargado por la NASA de buscar vida en otros planetas. «Cada vez que veáis algo insólito, un movimiento que no haya manera de explicarlo, un proceso caótico, fijad toda vuestra atención porque puede ser vida», le dijo Ken Nealson a su equipo de científicos. «La vida, Eduardo –me susurró sólo para que yo lo oyera–, es una equivocación.»

Resulta que ahora nos llega de todas partes la misma canción. La vida es algo extremadamente complejo que raya el imperio de lo caótico. Sabemos a ciencia cierta cuándo empezó, pero no acabamos de saber cómo. Ya somos capaces de fabricar un órgano en el laboratorio, pero no entendemos la bioquímica responsable de que una red despojada de sus células originales pueda orientar a un colectivo de células madre derramadas sobre él. Por último, hace ya algunos años Emmanuel Derman, científico y analista que fue directivo del banco de inversiones Goldman Sachs & Co. y ahora es profesor de la Universidad de Columbia, había sugerido algo trascendental en lo que no había reparado casi nadie. Algunos matemáticos se están esforzando –vino a decir Derman– en aplicar intuiciones sugeridas por la ciencia de la complejidad y el caos al problema aparentemente intratable de entender la economía mundial. «Tengo la sospecha, sin embargo –sugirió el profesor de Columbia–, de que en el supuesto improbable de que pudiéramos entenderla, entonces no podríamos utilizar ese descubrimiento para hacernos ricos en los mercados financieros.» Resulta que sólo se puede hacer dinero cuando se corre un verdadero riesgo basado en una incertidumbre insalvable. Sin incertidumbre, claro está –decía Derman–, «no hay riesgo».

No me digan que no es fantástico. Si profundizo en las teorías del origen del universo y llego a conocerlas, podré prever el futuro de la vertiginosa expansión que ahora lo marca. Podría prever perfectamente entonces el final de esa carrera hacia ninguna parte, así como adónde van a parar los distintos cuerpos celestes. Ahora bien, si yo llegara a conocer los secretos de la economía mundial y sus mercados, gracias a las llamadas ‘teorías de la complejidad y del caos’, resulta que no podría hacer negocios. No me serviría de nada haber dado con las claves que explican el comportamiento de los mercados de inversiones y de la economía mundial porque, para ganar dinero, hay que correr un riesgo cierto y debatirse con la incertidumbre.

Desde los tiempos de Derman no hemos logrado salir de este atolladero sin sentido. El conocimiento me sirve para casi todo, salvo para hacer dinero; el nivel de incertidumbre es más importante que el nivel de conocimiento. Ahora comprendo por qué, en el momento de apostar por el valor futuro de la Bolsa, el juicio de un novato es comparable al de los expertos más renombrados.

Es un experimento que se ha efectuado en numerosas ocasiones y el resultado siempre es el mismo: los expertos no aciertan necesariamente más que los ignorantes de los mecanismos que mueven los valores bursátiles. ¿Se dan cuenta de lo que estoy sugiriendo? Resulta que puedo llegar –a base de profundizar en el conocimiento genético– a fabricar vida sintética en el laboratorio, pero que no tengo ninguna garantía de hacerme rico por mucho que aprenda de economía y la Bolsa.

Existen profesiones, como la de médico, para curar a los demás, o para construir puentes y edificios que no se caigan, o para ganar todos los litigios o casi todos. Pero no existe una profesión para hacerse rico apostando en la Bolsa, no hay conocimiento suficiente que garantice un nivel de bienestar determinado.

No tiene nada de extraño que muchos prefieran estudiar profesiones válidas para acertar o, si no, vivir del cuento.

Fuente: XLSemanal
Autor: Eduardo Punset

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