Aplicando las mejores ideas de gestión a nuestra vida personal

by Darío Franco on 11 septiembre, 2011 · 0 comments

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En las escuelas de negocio, a los alumnos que cursan un MBA se les explica cómo aplicar las teorías sobre gestión e innovación para construir empresas más fuertes y competitivas. Pero estos modelos también pueden ayudar a las personas a conseguir mejorar sus vidas personales. Para ello hay que profundizar en preguntas que todo el mundo necesita responder: ¿Cómo puedo estar seguro que encontraré la felicidad en mi carrera profesional? ¿Cómo puedo estar seguro que la relación con mi pareja/familia será una fuente duradera de felicidad? Y ¿cómo puedo estar seguro que siempre seré una persona honrada y humilde?

La respuesta a la primera pregunta tiene que ver con la teoría de Frederick Herzberg, que afirma que el factor motivante más poderoso en nuestras vidas no es el dinero, sino la oportunidad de aprender, ganar responsabilidades, aportar a los demás y ver que tus logros son reconocidos. Por ello, la dirección de personas es la más noble de las profesiones si se practica bien. Ningún otro trabajo ofrece tantas formas de ayudar a otros a aprender y desarrollarse, a asumir responsabilidades y ser reconocidos por sus logros, y a contribuir al éxito de un equipo. Muchas personas que deciden dedicarse a la gestión, piensan que se trata de comprar, vender e invertir en empresas. Es una pena. Ninguna de esas cosas genera las profundas recompensas que se obtienen al desarrollar personas.

Para responder a la segunda pregunta -¿cómo puedo asegurarme que la relación con mi pareja/familia será una fuente duradera de felicidad?- tenemos que pensar en la estrategia definida y su aplicación. Para definir esa estrategia, al igual que se hace en una empresa, lo primero es descubrir cuál es nuestro objetivo en la vida y tenerlo siempre presente a la hora de decidir cómo gastar nuestro tiempo, talento y energía. Deberíamos dedicar unos minutos todos los días a reflexionar sobre este propósito. Si no lo tenemos claro, acabaremos navegando sin timón por los agitados mares de la vida. Podemos esforzarnos por tener una relación gratificante con nuestra pareja, familia y amigos, tener éxito en nuestra carrera profesional, contribuir a nuestra comunidad,… pero -de nuevo, tenemos el mismo problemas que las empresas- la cantidad de tiempo, energía y talento, es limitada. Tenemos que intentar luchar contra la tendencia natural de asignar estos recursos a aquellas actividades que nos reportan resultados a corto plazo. Por ejemplo, terminar un diseño, completar una presentación, publicar un artículo,… suelen generarnos un sentimiento inmediato de haber conseguido algo tangible. En cambio, si invertimos tiempo y energía en la relación con nuestra familia o pareja, el resultado puede tardar años en ser evidente. Asignamos cada vez menos recursos a las cosas que alguna vez hemos dicho que son las más importantes. Por último, es importante crear en la familia la cultura del respetuo mutuo. Al igual que en las empresas, las familias también tienen su cultura y esto ayuda -tanto a empleados como a hijos- a tomar las decisiones correctas ante problemas difíciles, lo que contribuye a aumentar la autoestima.

Para responder a la tercera pregunta -¿cómo puedo estar seguro que siempre seré una persona honrada y humilde?- tenemos que aprender a ser fieles a nuestros principios el 100% del tiempo. A menudo oiremos en nuestra cabeza una voz diciendo “Mira, sé que como norma general mucha gente no haría esto. Pero en esta situación particularmente complicada, sólo por esta vez, está bien hacerlo.” Tenemos que ser conscientes del daño potencial de la frase “sólo por esta vez”. Si cruzas la línea una vez, aunque sea por algo insignificante, lo harás más veces a lo largo de los años. Es más fácil ser fiel a tus principios el 100% de las veces, que el 98%. Tampoco debemos olvidar la importancia de la humildad. Alguien arrogante solo esperará aprender de aquellos que considera más inteligentes que él (profesores, jefes, …). En cambio, las oportunidades de aprender de una persona humilde son ilimitadas, ya que está dispuesta a escuchar a cualquiera independientemente de su nivel intelectual. Para ser humilde, primero hay que sentirse bien con uno mismo y querer ayudar a los demás a que también se sientan bien con ellos mismos. Cuando alguien actúa de forma arrogante o abusiva, suele ser síntoma de falta de autoestima, pues necesitan rebajar a otro para sentirse mejor.

Como reflexión final, os diría que no hay que preocuparse por el protagonismo personal que alcancemos, sino por la gente que hemos ayudado a convertirse en mejor persona, que es por lo que se nos valorará el día de mañana.

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