Etapas 5 y 6 | Monreal del Campo – Almazán

by Darío Franco on 26 octubre, 2011 · 0 comments

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El viaje ha llegado a su ecuador. Las fuerzas van menguando pero la motivación y el ánimo siguen muy altos. El lunes antes de salir de Monreal del Campo, le tocó un poco de mantenimiento a la bici. Engrasé la cadena y comprobé la presión de las ruedas. A continuación, vendrían los primeros tres grandes sustos del viaje, que esperemos sean los últimos. El primero y más grave, tuvo lugar en Molina de Aragón por culpa de un despiste. Paré en un bar a almorzar y a ponerme ropa seca, até la bici a una farola, cogí la ropa y entré muerto de frío a cambiarme mientras me ponían un café. A los dos minutos, ¡caí en la cuenta que me había dejado la bolsa con la cartera, móvil, etc. apoyada en el sillín de la bici! Salí a toda prisa y afortunadamente seguía allí… 🙂

De Molina de Aragón a Maranchón me encontré con el diluvio universal. Fue el tramo donde más he sufrido hasta ahora. Lluvia y viento helado durante más de dos horas por los montes de Guadalajara. A pesar del chubasquero y del neopreno que llevo en los pies, llegué calado hasta los huesos. Mientras buscaba la casa rural en la que me iba a alojar, el frío me penetraba cada vez más y solo podía pensar en darme una ducha muy caliente. Al entrar en la casa, mientras dejaba la bici en la cochera, oí como otro huésped le decía a la casera que no había agua caliente. En ese momento pensé que iban a tener que llamar al SAMUR, aunque para cuando llegaran a Maranchón yo ya estaría hipotérmico :-P. Todo quedó en anécdota cuando la casera, después de comprobar la caldera, dijo que sí que había agua caliente. ¡Casi le doy un beso!

El tercer susto tuvo que ver con el móvil desde el que escribo estas crónicas. Con tanta lluvia, le acabó entrando agua, se apagó y no hubo forma de encenderlo. Pedí un teléfono prestado para decirle a mi familia -que ya estaban preocupados- que había llegado bien. Dejé el móvil encima de un radiador para que se evaporara toda la humedad y después de dos horas, al final conseguí que volviera a funcionar.

El tramo hasta Almazán transcurrió en seco, pero con un viento en contra que soplaba más fuerte cuanto más se acercaba el final de la etapa. La llegada a Almazán era en bajada, pero si dejaba de pedalear la bici se frenaba. Además tenía que llevar cuidado con los arbustos que cruzaban la carretera rodando a lo far west y con el golpe de aire cada vez que me adelantaba un camión. El peso de las alforjas aquí me vino bien ya que me dió mayor estabilidad.

Por lo demás, decir que Maranchón es un pueblo rural con mucho encanto, que los Ojos del Jiloca -cerca de Monreal del Campo- es un lugar precioso y ¡que ya llevo más de 600 km y no he pinchado una sola vez! 😉
En la próxima etapa pasaré por el Cañón del Río Lobos, un paraje que promete grandes vistas.

Las fotos son del río Jiloca y de la casa rural de Maranchón.

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